
LOS POETOS YO-YO Y LAS POETITAS MI-MÍ
O EL EGO CON TRAJE DE VATE
por Ricardo Gómez López
Cierto es que el acto de escribir poesía se inicia a partir del propio sujeto creador, como protagonista o hablante lírico; sabido también es que a algunos se les pasa la mano y en incontables ocasiones transforman sus escritos en esbozos de poemitas totalmente autoreferentes, donde las palabras regalonas son: “yo”, “me”, “mí”, y el otro “mi”, así este sujeto yoísta deja de manifiesto que él -y nadie más que él-, es el centro del universo, tratando de hacernos creer que sus pensamientos, reflexiones, dolores, penurias, -derramadas en líneas, con forma de versos-, son lo que realmente nos debería interesar, incluso también a veces, en un arrojo de creatividad nos abofetean con un nuevo y original descubrimiento de la pólvora. Ni hablar de aquellos escritos tapizados de lugares comunes y cursilerías.
A propósito: Un personaje que le hacía empeño a la poesía, le preguntó a una poeta qué era eso de los lugares comunes (que por supuesto, en su inconciencia lírica, le florecían como malezas en cada verso que intentaba), así que buscando, encontramos un breve texto que responde a esa interrogante:
LUGARES COMUNES: Flores / campo / sueño / mirada / luna / Todo fácil / imposible imaginar / su cuerpo pleno / transitable / imposible oír / del otro lado de la página / Imposible divisar al que huye / con la muerte bajo el brazo / Imposible caer en esos brazos / con la boca húmeda / y el cuerpo en llamas. (Alicia Salinas)
Podríamos agregar: miles de estrellas, corazón (pororom pompóm), te quiero te quiero, yo sin ti, muy, mucho, en cuerpo y alma, etc., amén de tiras y tiras de chorizos de frases hechas. (¿Sabrán acaso estos egos lo que es una metáfora, una imagen, o habrán visto alguna vez correr libre por el potrero de la imaginería a esa imprescindible manada de tropos que debería pastar en sus “poemas”?).
Otro caso digno de mencionar es el de un seudo vate que recurrió a una poeta de verdad, para que le revisara sus textos: Ella, después de darle una hojeada le respondió: “tienes que trabajar mejor tus silencios”. Por supuesto que el aludido no se dio por idem, y se fue a su casa cabeceándose por tratar de entender aquello… Verdaderamente, esta digna poeta, no le quiso decir otra cosa más explícita que trabajara bastante sus silencios hasta hacer callar todo intento de poesía.
Bueno, esto se está pareciendo a un taller literario, pero no es la intención, señoras y señores: mis disculpas por este exabrupto casi académico.
Retomo mis capciosos comentarios sobre los poetos yo-yo y las poetitas mi-mí, quienes, después de escribir un manojo de “textículos” con ese tenor personalista, solicitan ($$$) un prólogo que reafirme su “raigambre poética”, luego se encaminan ufanos a las editoriales, y, aterrizando de cúbito dorsal, después de darse algunos cabezazos contra las casas editoriales al recibir unas cuantas docenas de nones, en una actitud de franca rebeldía, se levantan y corren raudos a la imprenta para inmortalizar sus (s)obras completas, repletas de verborrea egocentrista.
Ya con su reluciente libro en la mano, y una sonrisa de Premio Nacional rubricada en el rostro, se encaminan a las librerías con la plena convicción de distribuir sus libracos para que reluzcan en las vitrinas y competir con el Best Seller de turno... “Déjenos uno solamente...” (¡plop!).
En fin, con cuatrocientos noventa y nueve libros bajo el brazo, comienza la distribución a granel, esta vez, métale mandárselos a las vacas sagradas, santos de su devoción y enemigos satánicos, diarios morbosos, revistas literarias, oficinistas, cuidadores de autos... ad infinitum.
Pero ya está hecho: es un “poeta” con libro publicado; hasta se puede jactar de ser un proyecto de Neruda, o Mistral. Es cosa de tiempo. Claro que después de algunos años de ver que no pasa na´, vomita algunos sabios comentarios, asaz filosóficos: “Es pura envidia”; “le dan espacio sólo a sus compadres”; “claro, si uno no pertenece a su partido no te pescan...”. Lo envía a concursos, pero estos, según él “ya están arreglados de antemano”, y despotricaciones por el estilo (porque siempre el cojo le hecha la culpa al empedrado).
En varias oportunidades, a algunos de estos personajes -que creen que porque escriben para abajo están haciendo poesía-, pregunté: ¿A quién lees?, ¿cuál es tu poeta favorito?... Respuesta: “Yo no leo, para no influenciarme...” (sin cometarios).
Así no más es, pues, como no existe ninguna universidad o academia que otorgue título de escritor o poeta (¡menos mal!). Cualquier astuto, o cándido, con el facilismo que caracteriza a los caraduras, se autodenomina “escritor”, o “poeta”; es cosa de recibir su tarjeta de visita, donde abajito de su nombre aparece el mentado “título”, o cuando firman cualquier carta, e-mail, solicitud, currículo, allí emerge desde la inocente palidez del papel, brillante y reluciente el rótulo: poeta, o escritor, según la categoría ambicionada, soñada o manoseada por el susodicho.
Chile país de poetas, léase: Mistral, Neruda, De Rokha, Huidobro, Parra, Lihn, Teillier, Rojas, Barquero, Varín, Hahn, Millán, Pérez, y muchos otros y otras símiles que el Olimpo mundano les reserva su merecido lugar, pero nunca, nunca a un Yoyó ni a una Mimí, que con brumosos aires de seudointelectules pretenden pasarle catas por loros al respetable público no lector.
Adjunto dos textos (con faz de odas), dedicados exclusivamente a todos aquellos poetos yo-yo y poetitas mi-mí, para que sus egos por fin se regocijen con justicia.
DE MÁRTIRES Y OTROS VERSOS
Oh, pobre de mí
cómo sufro
cómo me duelen las venas
hasta las raíces intrínsecas
de la carne del alma.
La desdicha en mis sienes
hunde
sus desesperadas garras.
Soy
poeta incomprendido
animal herido
inmundano ya
y ripio del dolor
etcétera, etc.
Un lector casual se dijo:
¿Y a mí qué?
(Ricardo Gómez López, de Poegramas)
LOS POETAS YO-YO
(poemilla agudo)
Ahí
van
con su yo
pa´rriba y
pa´bajo los
poetas yo-yo
Qué bien
que se ven
mas no
sea que
se les cor-
te´l cordel,
porque entón
qué será
del
poeta yo-yo
rodan-
do entre nos.
(Floridor Pérez, de Memorias de un condenado a amarte)