Carta a Dios
E s t i m a d o D i o s:
Líbrame de asistir
a la ciudad de la desconfianza,
líbrame de prostituir mi alma
y no confiar en mi hermano.
Hoy, entre tanta aprehensión
miles de barcos se alejan
creyendo poder encontrar
su propio mar de la verdad.
Esta mañana observo que
los muebles marchan uno tras otro,
y así, en fila india, se disgregan
en sus puestos de trabajo.
Por si fuera poco
un extraño palto
lleno de celos
pende de un hilo rojo,
y al lado mío, frente a mi
nace una desconfianza,
una maldita aprehensión,
como si todo fuera
a extraviarse,
como si hasta la saliva
se pudiera desviar de su dueño.
Pues la desconfianza manda,
ordena no creer,
e imperiosamente tiñe su voz y
ordena guardarlo todo,
textos, lápices, afectos, amor.
Podrá ser el fin
o el comienzo de todo,
el proceso esperado ante no sé qué,
la lucha diaria
por lo que queda por conseguir.
por lo que tanto cuesta conseguir.No importa, yo sigo,
dejo que todo se marche,
que se lleve y se lleven todo:
el aquí, el mañana
y hasta el pequeño libro de Neruda,
pero yo me marcho,
me marcho con las manos vacías
y un poco preocupado…
Adios, adiós amigos…
Adiós Dios.Noviembre 2004
© Pedro Murúa