A esa mujer que ríe -a Mariela Mitrione-

© Marcelo Galliano

Tan sólo una sonrisa de Mariela podría

enjugar por completo toda lágrima mía,

y esparcir por la tierra como semillas nuevas

el aroma a jazmines que sus labios conllevan.

Cada risa que vierte es fiesta de campanas

que oscilan sus badajos al nacer la mañana

dibujando sonidos que perdidos al vuelo

se mecen como alondra que va escrutando el cielo.

¿No has observado, acaso, cuando en las tardes ríe

y no queda, en el aire, ángel que no la mire,

no escuchaste siquiera los murmullos silentes

que impone -con su gesto- al paso de la gente?

¿Jamás has percibido en las calles desiertas

el eco delicado de sus risas alertas,

la canción que susurra como el viento en las ramas

cuando sus labios vuelcan su risa edulcorada?

¡No dejes de reírte sirena de agua dulce,

que el río necesita la boca que lo endulce,

que a la noche serena, opaca, casi inerte,

le hace falta tu mueca que, rauda, la despierte!

¿Qué haremos, sino ríes, los torpes que en la vida

paseamos nuestra angustia por todos nuestros días

a qué dios malherido cansado e indulgente

llevaremos la causa de nuestra pobre frente?

Ríete que la lluvia te pide que te rías

para que pronto entibies las gotas que tan frías

se deslizan enfermas -por los cristales rotos-

mendigas de esperanza. ¡Sonríeles un poco!

Dame la medicina de tus dientes de nieve

y el licor de tu boca -¡que afuera llueve y llueve!-,

que si esta noche el mundo se despluma a pedazos

yo pensaré en tu risa -me sentiré en tus brazos-

Si la luna se fuga, si se van las estrellas,

si la tierra se abre y los cielos destellan,

si la mar se evapora cuando nazca la aurora,

se marchitan las rosas al pasar de las horas,

no me dejes sediento al morir -sin tu risa-

hiéreme con tu boca, pégame con un brisa,

invádeme las sienes, apuñálame el pecho

-igual, de tanto amarte, ya lo tengo deshecho-

Siémbrame un horizonte de risas duraderas,

que pueda, en cada paso, yo ver la primavera

que me empape de formas, aromas y colores

y frutos de las ramas de vívidos sabores.

Pido risa de ovarios, de senos y de huesos

cual carnal travesura de arcángeles traviesos;

quiero risa de entraña, de pasión, de mirada,

de prisa, -¡a manotazo, a pura bocanada!-

Exijo tu sonrisa porque lo puede todo:

armarme un nuevo cielo, rescatarme del lodo,

resucitar la encina, florecer el cerezo,

reverdecer la grama, cosechar en exceso.

Si la ciudad dormida, y mustia, y casi vana,

agoniza algún día tras mi triste ventana,

y la gris esperanza de una dura congoja

se va desvaneciendo -cuando se caen las hojas-,

gatilla con tu lengua la inmensa carcajada

que le cambie su cause a lánguidas miradas,

que emane un aura nueva y en veredas perdidas

esparza la sal blanca de renovada vida.

Deja explotar los campos tan henchidos de trigo

y mis ojos de dicha. (Tu risa está conmigo,

me charla, me seduce, flota por las palmeras

baña de miel mi sombra -¡bendita colmenera!-)

Por tu risa: los astros, las lunas y las rosas,

el gusano de seda, las acacias frondosas,

los pistilos en celo, la tierra y el rocío,

quintaesencia de todo, y hasta el lamento mío.

Yo sé que cada cosa de lo mucho que existe

lleva en su alma la risa que alguna vez le diste,

y sé que la energía de todo el que se mueve.

vive porque tus labios sólo así es que lo quieren.

Bendice mi tormenta con recuerdos jocosos,

morirme no es tan grave si recuerdo tus ojos

brillando como perlas cada vez que te ríes

-partir no será triste ya tengo quien me guíe-

Pues si me toca un día marcharme eternamente

muy poco en las valijas cargaré. Solamente,

de todo lo que habita nuestra tierra cansada,

me llevaré tu risa. Del resto: casi nada.

 

Marcelo Galliano

Poeta, ensayista, guitarrista y periodista argentino (Buenos Aires, 1971). Como instrumentista ha grabado cuatro discos, fue ganador de un Premio Gardel y ha tocado en diversas salas importantes, convirtiéndose en 1997 en el guitarrista más joven de la historia en estrenar un concierto en la Sala Grande del Teatro Colón. Como escritor y periodista ha sido columnista de diversos medios, y ha recibido distinciones como la del Certamen Juan L. Ortiz y el Diploma de Honor de la Editorial Argenta. Ha conducido seis ciclos radiales en Radio Nacional, Radio Clásica y Radio Amadeus.