Un día en el vacío
Los gritos que oyen, gritos del ayer
La miss que grita, pero nada explica
El timbre canta. La hora perdida del día.
Ya no hay nadie, nadie más que yo
Una sola sombra de hoy
En el amplio salón las luces
Se apagan, las sombras que bailan
Los oscuros pasillos me tocan recorrer
Ya los gritos no se oyen más que el viento
y su placer
El pasto frío mis pies han de recorrer
Y un solo un sobreviviente Muere en
Las sombras del ayer
Ya no hay día, no hay nadie más que yo
Y la sombra de hoy
© Consuelo Valenzuela 2005